Rosario Gómez. Nunca es tarde para ser quien quieras ser

Rosario Gómez. Nunca es tarde para ser quien quieras ser

Rosario Gómez  sirve de modelo a seguir para muchas generaciones de este país. Ella necesitaba estar en contacto con el conocimiento, con los libros, con la formación y tras una etapa difícil se puso las pilas para cumplir su anhelado sueño: ¡volver a estudiar!

Se trata de un ejemplo clarísimo de cómo un sueño no cumplido puede quedarse atravesado y complicarnos la vida. También es un ejemplo claro de que un sueño cumplido lleva a otro más grande. Y es que los sueños son como llaves.

Rosario, nos deja impresionados con su historia. Sólo con leerla te dan ganas de salir a comerte el mundo.  A ver quien es el guapo que, tras leer esto, se atreve a poner alguna excusa.

Hemos tenido la gran suerte de que Rosario nos deleite, a lo largo de la entrevista, con algunas poesías muy bonitas que forman parte de sus poemarios. Ya ha publicado dos libros y tiene un tercero a punto.

Rosario, cuéntanos cómo llegaste a la conclusión de que la falta de fuerzas que un día tuviste se superaba estudiando, formándote, escribiendo; es decir, que tu pasión estaba en un pupitre.

La historia es larga, porque desde bien niña comienza mi interés y curiosidad por el conocimiento y por la cultura. Os cuento:

Con 11 años de edad, allá por el año 1971, llamaron a mis padres y a otros padres de alumnas estudiosas y aventajadas (sí, digo sólo de alumnas porque, por aquél entonces, en las aulas, nos agrupaban así: niñas con niñas y niños con niños. Ni siquiera en el recreo nos veíamos las caras con nuestros compañeros; afortunadamente, las cosas ya cambiaron), varios profesores del colegio, donde cursábamos 5º de Educación General Básica, con el fin de aconsejar a nuestros progenitores que saliéramos de él, para ir a formar parte del Instituto Carrascal, de Arganda del Rey, único en la zona por esa época. Yo vivía en mi pueblo natal, Tielmes de Tajuña, distante unos 20 km de dicho Instituto. Mis padres, claro está, rechazaron la oferta: eran gente humilde, trabajadora, con muy pocos recursos, que bastante hacían con que la familia fuera subsistiendo. Y pasó ese tren al que no pude subir. Aún recuerdo ese olor a libros de texto nuevos (cuando me los podían comprar mis padres), que me conquistaba. A los 14 años acabó mi tiempo de formación escolar y, un trabajo de montadora, de juegos de dientes y muelas artificiales, en una fábrica de mi pueblo, me esperaba.

Andando el tiempo, conocí al que hoy es mi marido y el padre de mis hijos y, cuando contaba yo con 20 años, nos casamos. A los 23 ya tenía dos niños. A los 31, tres. Quiso el destino que pudiéramos coger en traspaso, en el año 1981, una pequeña librería-papelería con la que aún continuamos (actualmente es mucho más grande); en ella hemos gastado (y se siguen gastando) todas nuestras energías de juventud para salir adelante en la vida con nuestros tres hijos. Pero a los 41 años, mi vida dio un vuelco imprevisible y caí en una dura depresión: mis fuerzas estaban gastadas, mi ánimo por los suelos, mi espíritu alegre había sucumbido…

Necesité la ayuda de un terapeuta durante bastante tiempo. Pasados seis meses de acudir a su consulta, me dijo: “Rosario, a usted qué le gustaría hacer”. Yo le contesté que, a mí, el mundo del conocimiento y de la cultura, siempre me había atraído. Y eso fue lo que hice con mis hijos: manifestarles, irradiarles e inculcarles, toda esa atracción que bullía en mí. “Pues ahora le toca a usted, ahora es su turno”, me dijo. Y así fue como comencé a estudiar, prácticamente, desde cero; es decir, a cursar la ESO, en el Centro de Adultos de Arganda del Rey. Mi intención era ponerme al día en cultura general. Hacía 32 años que no abría la página de un libro de texto para cultivarme con él. Aunque, sí es verdad que había ayudado, hasta donde mi conocimiento alcanzaba por entonces, a mis hijos. En ese tiempo empecé, sin tomar conciencia de ello, a ir cumpliendo mi sueño.

No te conformaste con volver a estudiar, sino que, además, has escrito dos libros de poesía, ¿cómo fue ese proceso? ¿Qué te aporta la poesía?

En 2º curso de la ESO me adentré más en la Literatura, y se mostró un mundo maravilloso ante mí, que yo desconocía. Cuanto más leía, más quería leer, más quería saber, más quería aprender…, y la poesía me descubrió todos sus encantos. El proceso de creación es complejo, difícil de explicar. Yo puedo decir, desde mi experiencia con la escritura, que una necesidad íntima e imperiosa, me atrapa. Quizás ilustre mejor esa “necesidad” a los lectores de cumplirsuenos.com, con un poema de mi segundo poemario, Su luz me basta, el nº XXXIX:

Me desnudo en ese trance solitario.

Entonces,

siento que vivo en el filo de las cosas.

Es la ocasión.

La espera, una necesidad que apresa,

que sólo la escritura,

consumada, liberta.

¿Qué me aporta la poesía? Desde que empecé a escribir poesía, allá por el año 2008, siento que mi vida ha cambiado. Miro el mundo con una mirada distinta, y he desarrollado, o mejor dicho, despertado, una ternura que dormía en mí y que me era ajena. Me siento más cercana con los que me rodean y descubro en mí más empatía y voluntad para hacer amigos. Todo esto me enriquece muchísimo y hace que me sienta bien.

Tienes 53 años, eres madre de tres hijos, llevas un negocio, estás en la universidad, en breve vas a publicar tu tercer libro; seguro que muchas mujeres de este país se preguntan: “¿cómo lo hace?”

¿Cómo lo hago?

- Dando prioridad en mi escala de valores a lo que más me afecta;

- siendo responsable con lo que elijo;

- tomando decisiones conscientes, sintiéndome libre para tomarlas, aun sabiendo mi condición de madre y esposa;

- alejando de mí a las personas que no me aportan algo bueno o que no me aconsejan bien (que las hay);

- valorando a las personas sensibles y buenas que se cruzan en mi camino, de las que aprendo y que se merecen que cuente con ellas. Estas personas me aportan mucho, mi vida no sería igual sin ellas; y tengo el enorme privilegio de contar con bastantes.

No es fácil llegar a este punto, lo sé; pero me gustaría dar ánimos a las mujeres y, a los hombres, por qué no, que se hallan en la situación que yo tuve un día, que están metidos en ese pozo profundo de desidia, tristeza y melancolía, de donde parece que no haya salida, donde parece que todo acaba en una muerte sutil y silente, donde no se ve la luz… Pues se ve, puede costar mucho tiempo y esfuerzo, pero se acaba viendo; os lo aseguro, estimados lectores. Escribo un poema del segundo poemario, el nº VII, por si una lectura reflexiva de él, puede ayudar:

Alguien me dijo

que, mientras pueda decir,

no moriré.

Mientras pueda escribir,

con susurros, lo que mi alma siente,

no moriré.

Mientras los recuerdos retoñen,

mudos y alados, como el viento,

no moriré.

Mientras vague mi sombra

en la noche, oscura y misteriosa,

no moriré.

No, no moriré; ni tú conmigo.

Hablando contigo, tengo la sensación de que no te vas a parar cuando obtengas tu título universitario, ¿cuál es tu próximo objetivo?

¿Mi próximo objetivo? No lo sé. Mi intención es ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, mi idea es no detenerme. Otra cosa es lo que decida el destino por mí y las fuerzas que quiera regalarme la vida. Soy consciente que ya he vivido más de la mitad, pues 106 años es difícil que exista (aunque no imposible).

Este mes de julio he hecho un curso intensivo de formación de profesores para impartir clase de español a extranjeros (Curso ELE, se denomina). Me encantaría poder enseñar nuestra lengua, esta lengua tan rica que poseemos, nuestro español, a personas interesadas en conocer de ella. Pienso que, nuestra lengua, es uno de los mejores legados que poseemos todos los españoles. Enriquecerla y agrandarla, creo que es un compromiso de todos. Sería cumplir otro sueño. También tengo muy claro que no quiero dejar de escribir. Me siento muy bien realizando este ejercicio, sacando de mí todo lo que llevo dentro y enfocándolo hacia el género lírico; es decir, la poesía. Esto no quiere decir que no cree prosa. Gusto de hacer relatos cortos. Y, otra cosa que tengo en mi mente, es hacer una novela. No lo descarto, con el tiempo. Pero lo que más me atrae, con diferencia, es expresar, lo más posible, con las menos palabras posibles. Y eso, en esencia, es la poesía.

¿Qué les dirías a esas personas que tienen sueños por cumplir, pero que se sienten incapaces de conseguirlos?

Les diría que, su pasado, por difícil u oscuro que haya sido, nunca va a determinar su futuro. El pasado, pasado está; el pasado es inamovible, haya sido bueno o malo. Si ha sido bueno, nos sirve para enriquecernos con él; si no lo ha sido, para dejarlo atrás y aprender, así, lo que no debemos repetir. El día a día lo vamos erigiendo nosotros, con nuestras acciones, nuestras circunstancias, y con las ganas que pongamos en lo que realizamos.

Pienso que aquí está la clave, en las ganas; es decir, cada uno debe poner ese empeño, esa ilusión, ese entusiasmo y esa fuerza, para que algo en su vida cambie. Desde mi experiencia, pienso que este es el comienzo para cumplir un sueño. Después, con tesón, paciencia, esperanza, y sin perder de vista la finalidad que nos hemos propuesto, apenas sin darnos cuenta, tendremos el sueño cumplido. ¿Qué habrá dificultades? Por supuesto que las habrá, no lo dudéis. Pero ahí estará vuestra fortaleza de ánimo, vuestro empuje para solventarlas y seguir adelante. Y, esa misma fuerza, os lo aseguro, os dará otro empujón para seguir en la misma dirección que os habéis forjado; es decir, la de vuestro propio éxito, el más grande: sentiros bien.

Esta, desde mi punto de vista, es la mayor fortuna que podéis alcanzar. Os dejo otro poema, también de mi 2ª obra, en donde declaro lo que es soñar, para mí (quizás un poco ideal, pero los sueños nos son tan necesarios que, aunque sean idealistas…), con todo mi cariño y esperando que os sirva:

Sentir la eternidad en un suspiro,

mecerse con el cielo en un abrazo,

retar a la memoria con su nombre

en los labios.

Imaginar la risa de la luna,

sentarse con el viento a sisear,

volar como pájaro cándido y grácil

viendo el mar.

Delirar musitando las canciones,

hechizarse ante el albor de un manantial,

abstraerse con el brillo de una estrella

¡es soñar!

Sí, amigos, a grandes rasgos, esta es mi historia. La niña/adolescente que no pudo ver sus expectativas, sus sueños, de estudios y formación cumplidos, en su momento, los está viendo, poco a poco, hoy, convertida en mujer. Inimaginable hubiera sido todo lo que me está aconteciendo ahora, diez años atrás. De una cosa estoy plenamente convencida: caminaré por la senda del conocimiento siempre que mis fuerzas me lo permitan; además, siento que esta senda es infinita. Así es que, estimados lectores:

Caminaré, buscando la belleza,

a todo cuanto alcance mi mirada,

como poeta escribiré cuando la vea,

como pintor contemplaré para pintarla.

La música callada escucharé

y, con su celestial sonido,

sentiré agrandarse el alma.

¡Gracias Rosario! De corazón

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