Luis Dorrego, una vida marcada por los sueños

Luis Dorrego, una vida marcada por los sueños

Luis Dorrego, es el entrevistado de esta semana. Luis es una persona muy especial y con el que hemos aprendido mucho. Entre otras cosas se ha dedicado durante toda su vida a perseguir sueños y a sentir las emociones. Es fundador de la empresa de formación Expresión Entrenamiento Integral donde se imparte formación para empresas y particulares en  desarrollo de habilidades y crecimiento personal apoyándose en las artes escénicas y otras disciplinas tales como el caoching, la P.N.L., y  las Constelaciones Familiares y de Empresa.

Luis cuenta en su haber con distintas profesiones que han marcado su vida, como son actor, director de teatro, profesor universitario, terapeuta, escritor y algunas otras que nos ha contado en la entrevista que hoy compartimos con vosotros.

Tiene 54 años y se siente con muchas ganas de seguir conociéndose y de seguir probando nuevos retos personales y profesionales. Tras hablar con él nos hemos  quedado con ganas de más, espero que a vosotros os pase lo mismo tras leer su historia y enseñanzas.

Luis, ¿cómo empezó eso de perseguir sueños?

Pues cuando era un chaval, me hice con una cámara de fotos y empecé a vender por barrios del sur de Madrid fotos familiares, ya que en esa época nadie tenía cámara y yo iba de casa en casa haciendo realidad ese sueño que muchas familias tenían. También trabajé en una empresa de mudanzas, de auxiliar administrativo…

Referente a mis sueños, en el Instituto conseguí, ya que mi pasión era el cine, fundar y dirigir un cineclub con tan solo 14 años. Aunque tuve distintos trabajillos durante mi adolescencia, yo tenía un sueño que era ser maestro.  Convencí a todos mis amigos de instituto y del grupo político en el que por aquella época militaba,  de que la única manera de cambiar el mundo era  dedicándonos a la enseñanza. Una vez todos matriculados en Magisterio, a los tres meses dejé la carrera y me fui para convertirme en actor. A mis amiguetes no les hizo ninguna gracia después de la tabarra que había dado para que todos cursáramos esa carrera, pero tenía una explicación. Dejé mi vocación real para hacer algo que era mucho más profundo que era la vocación de mi padre. Él quería ser cantante lírico y no lo llegó a ser. Por ello yo, en lugar de seguir mi vocación verdadera,  me subí a los escenarios para, de alguna manera, cumplir ese sueño frustrado. Es algo, que tras muchos años de terapia, he visto hacer a mucha gente: Sacrificar su camino para cumplir con las expectativas, verbalizadas o no, de sus padres. Y yo tuve otro sueño que cumplir: ser actor.

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Tras 10 años como actor, donde estrenaba un par de obras al año, trabajé en estudios de doblaje, entre otros, mi malestar iba en aumento, y decidí ser director de teatro. Yo no me daba cuenta que esa no era mi real vocación. Y contra todo pronóstico empecé a estudiar dirección escénica y monté y produje mi primera obra. Fracasé rotundamente con el negocio, me endeudé y sufrí una fuerte crisis económica, entre otros desastres, entre los que incluyo pasar por un hospital con una depresión y un intento de suicidio. Tenía 27 años y se puede decir, que fue mi primer fracaso y uno de los más importantes aprendizajes: hoy no me asustan las crisis económicas.

¿Qué ocurrió a continuación?

“Casualmente”, ya que el deseo lo puede todo, en mi camino se cruzó una persona que me ofreció trabajo como profesor de teatro para los estudiantes en la Universidad de Nueva York en España (NYU). Es decir, de alguna manera, el destino, sin tener ningún título universitario, me da la oportunidad de cumplir uno de mis sueños, enseñar. Al año siguiente, y como por milagro, empiezo a colaborar con la Universidad Complutense para dar clases a profesores estadounidenses y unos meses después estaba en California dando talleres para profesores. Todo antes de los 30 años. Posteriormente continué impartiendo talleres y cursos en distintas universidades españolas y americanas, publiqué varios libros sobre mis trabajos e investigaciones y viajé para trabajar por varios países gracias a mi curriculum.

Entonces, ¿todo perfecto no?

No, no fue tan perfecto. He sido siempre una persona muy exitosa, era bueno y ganaba premios, pero nunca lo podía disfrutar, porque no estaba contento conmigo mismo. No era mi lugar, el inconsciente siempre estaba buscando conflictos ya que el teatro no era mi verdadera vocación. Y, aunque llegué a tener compañía propia y estrenar varias obras al año y, cumpliendo un sueño, estrenar dos obras de teatro (una de Federico García Lorca y otra mía) en Nueva York en 2003-2004, yo no estaba contento.

A los 40 años tuve una segunda crisis personal y profesional y, de nuevo las sincronías, los  maestros hicieron su trabajo. Otra persona se cruzó en mi camino, primero como coach y terapeuta y luego como maestra. Ella me ayudó a introducirme en un mundo que no conocía y a liberarme de mis ataduras. Conseguí desprenderme de mi padre, es decir, no de él pero sí dejé de vivir su vocación, su pasión, para empezar a centrarme en mi sueño.

Aunque desde los 25 años llevo dando clases, fue a raíz de este conocimiento cuando ( de nuevo otra crisis)  dejé completamente el teatro profesional y comencé a dedicarme de lleno a la enseñanza y posteriormente al coaching y a la terapia, que es por donde navego ahora. Y así, de la nada, monté, junto con mi hermana, una empresa de desarrollo de habilidades que hoy sigue funcionando dentro de todo este marasmo.

Y hoy, por fin, soy feliz haciendo lo que hago. Y es curioso que aún siga persiguiendo sueños… De profesor a terapeuta, de estudiante de Magisterio a educador emocional para maestros y padres…¿Qué será lo próximo?

Luis, algo en lo que llevas casi cuarenta años especializándote es las Emociones. ¿Qué puedes decirnos brevemente acerca de la inteligencia emocional y de ésta en los niños?

Yo fui un niño muy emocional, eso me llevó, creo, al teatro que es un lugar donde este tipo de personas podían resistir.  Allí aprendí a reconocerlas en mi cuerpo y a amplificarlas en el escenario. Estuve muchos años de director y profesor enseñando a otros como hacerlo. El paso era fácil, enseñar a profesionales a través de los cursos de comunicación, y a los padres con hijos a reconocerlas en ellos y a no reprimirlas como quisieron hacer conmigo.

Los niños no necesitan esta in-formación. Ya lo tienen instalado dentro, como lo teníamos nosotros hasta que una educación excesivamente racionalista y una sociedad que no quiere mostrarse emocionada por miedo a la presión de los demás, nos lo quitó.

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Las emociones es algo fundamental para la supervivencia de los mamíferos y nosotros como animales que somos ya que conservamos nuestros cerebros primitivos, las tenemos aunque hayan sido consideradas las hermanas pobres de la familia y las peor vistas. Hoy afortunadamente se ha demostrado que son las que dirijan nuestra vida, como  en los niños.

Pero los padres, por ignorancia muchas veces, las quieren reprimir: Cuando un niño se cae al suelo y llora, le decimos habitualmente: “No pasa nada. No llores” Y después de un millar de veces o más, el niño termina por entender que no puede llorar, es decir , que no puede sentir la tristeza, y muchas veces son los propios padres o cuidadores lo que no quieren verla en si mismos. Y así pasa con el miedo, el enfado… no nos permiten expresarlas. Y el niño , con un cerebro no desarrollado aún , no puede hacerlo de otra forma. Sería estupendo que el niño tras su caída pudiera decir: “Gracias por recogerme del suelo, has sido muy amable. Me duele pero se que me pasará muy pronto. No te preocupes que dentro de un momento volveré a jugar como antes”. Los niños no se pueden expresar así, y muchos adultos tampoco. Lo que necesitan a esta edad son personas que empaticen con ellos y le hablen su idioma, si no están perdidos.

Hablando de emociones, ¿cuál es la emoción que impera en nuestra sociedad sobre el resto?

Para mi, el miedo es la emoción que más vivimos cada día, segundo a segundo, aunque no lo queramos reconocer. No conozco a nadie que ante esta crisis económica vaya comentando con los familiares y amigos el nivel de miedo que tiene y cómo conseguir superarlo. No, lo guardamos y al final termina por explotar.

Recientemente experimenté un momento de miedo que condujo mi vida hacia donde no quería. El año pasado, en vistas de que había menos negocio y por lo tanto menos ingresos, me entró miedo, tengo un hijo pequeño y decidí buscar trabajo. Trabajé durante unos meses recorriéndome España y conseguí lo contrario, no veía a mi hijo ya que me tocó recorrerme España 15 veces y me pregunté que qué estaba haciendo…  Y me di cuenta de que había sentido mucho más miedo del que había querido reconocer, lo cual me llevó a hacer cosas que no deseaba…

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En mis cursos, cuando aparece el tema del miedo saco el momento de las excusas. Construimos mentalmente todo lo que  nos han enseñado, cuando el miedo asoma la cabeza, empezamos a justificar todo. Excusas que se resumen todas  en las que son absurdas, tipo :“Es que mi perro se comió los deberes” y las demás , que comienzan por : “Es que yo soy así”. Las personas con muchos miedos pueden llegar a ser tóxicas.

¿Cuál es, según tu opinión, la forma de enfrentarse a dicha emoción?

Este podría ser un método: Lo primero es comenzar a sentir, no pensar que sentimos, ese es un error muy común. Práctica, auto observación, meditación, para observar como nuestros pensamientos influyen en nuestros miedos, la mayoría infundados.

Luego comenzar a trabajar sobre esos pensamientos: Qué tipo de creencias sustentan esos miedos irracionales y desear cambiarlas. Y comenzar a trabajar sobre ellas con un buen coach o terapeuta que consiga llegar también a la mente inconsciente porque sólo con un trabajo sobre la mente racional es muchas veces insuficiente.

El miedo es una señal, muchas veces de que ese es el camino por donde transitar. Así que lo mejor es caminarlo, e incluso bailarlo, ¿habéis bailado vuestro miedo alguna vez?

 

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