Lito tuvo un sueño encerrado y ha logrado compartirlo con el mundo

Lito tuvo un sueño encerrado y ha logrado compartirlo con el mundo

Ángel Fava, o Lito, como le gusta que le llamen, es un ingeniero que reside en la población San Carlos Centro en la provincia de Santa Fé, Argentina. Ha conseguido encontrarle un importante hueco en su vida a lo que su corazón le dictaba  desde muy pequeño para ser feliz. Lito escribe y dibuja unos maravillosos y originales cuentos infantiles que podéis ver en su web Dibulitos y con ellos está cumpliendo su gran sueño de crear. O como él lo define:

“Llenar los espacios vacíos me hace sentir que le doy movimiento a las cosas… es como una necesidad de romper con la monotonía de la vida y una manera de honrarla… porque convengamos que la vida de por sí es super entretenida pero nosotros muchas veces la hacemos aburrida”

Lito es un tipo con ganas de hacer cosas, de compartirlas con los papis y demostrar al mundo que todos tenemos la capacidad de viajar con la imaginación al lugar que nos propongamos. A miles de kilómetros de nosotros ha conseguido sorprendernos con la luz y la energía que desprende. Este jueves, una semana más, estamos orgullosos de poder compartir con vosotros otra gran historia inspiradora llena de claves para cumplir sueños y disfrutar de esta vida.

Ángel, me comentas que cuando eras pequeño pasabas mucho tiempo dibujando y copiando los dibujos que en aquella época ponían en la tele e incluso creando tus propias historias. ¿cuál era el motivo por el cual no se lo mostrabas a nadie? Me has comentado que quizás porque todavía no estabas preparado. Cuéntanos a qué te refieres con eso de que no estabas preparado.

Creo que la palabra “quizás” de por sí es muy enigmática porque puede ser utilizada desde diferentes ópticas… puede expresar esa tristeza de sentir que uno se quedó a mitad de camino y que todo hubiera sido diferente si hubiésemos actuado de otra manera… pero también puede significar tener la posibilidad de analizar el pasado para cambiar las acciones futuras con el fin de obtener otro resultado y aquí tiene una connotación positiva… Ese “quizás”, en mi caso, tiene que ver con una seguridad que a mis 10 años yo estaba esperando recibir por parte de mi familia o de mis amigos. En el caso de mi familia siempre estaba intentando captar su atención… por ejemplo empapelando mi habitación con mis creaciones (había dibujos y frases desparramadas por toda la pared… recuerdo que hasta había hecho una lista de agradecimientos especiales a la vida que eran muy importantes para comenzar el día: por ejemplo: mirar el sol y agradecerle por su rayos de calor, sentir el corazón y darle las gracias por sus latidos, enjuagarme la cara con el agua y agradecerle por su frescura…)… pero ese sentimiento de indiferencia le puso un freno a ese proceso de expansión que estaba ocurriendo dentro mío. Lo mismo que mis amigos del cole, muchas veces me había pasado que lo único que había logrado con mostrarles mis cuentos y dibujos era un sinfín de cargadas porque para ellos era una especie de bicho raro, entonces prefería seguir encerrándome en mi “mundo” y evitar compartirlo por temor a ser rechazado. Me prefería relacionar con mi entorno adaptándome a sus necesidades.
Por eso digo que el “quizás” también encierra algo de impotencia… algo de carencia… y algo de inseguridad. Pero también a través de los años lo pude ir transformando en una oportunidad para hacerme más fuerte y para creer más en mí.

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Aunque desde joven siempre tuviste claro que tu pasión eran los dibujos y los cuentos, cursaste la carrera de Ingeniería de Alimentos y actualmente trabajas en dicho campo ¿qué motivó en dicho momento no seguir tu pasión y como tú dices, “seguir los mandatos de la sociedad”?

Hay una anécdota que tengo que grafica muy bien eso de “necesitaba seguir los mandatos de la sociedad”. Había terminado el secundario siendo el abanderado de mi curso (en este caso la mayor satisfacción para mí no eran las notas altas sino que todos los alumnos de la secundaria me habían elegido además el mejor compañero…) y mis papás estaban orgullosos de semejante galardón (me refiero a lo de las notas…) (era la única manera que yo lograba captar la atención de ellos… que paradójico ¿no?).
Esa noche fuimos a comer a un restaurant y mi papá me pregunta: – ¿Hijo, que carrera te decidiste a empezar? Fue la primera vez que respondí con total seguridad y le dije: – Mirá papá la verdad es que quiero estudiar algo relacionado con el arte, quiero aprovechar esa faceta que está muy marcada en mí…
Mi padre me respondió en forma más que tajante, y con pocas o nulas chances de hacerle cambiar de opinión: -¿Qué…? desaprovechar toda la educación que te dimos y todas esas notas sobresalientes que tenés para dedicarte al arte… ni loco… o estudias algo serio o…
Esa respuesta barrió con todas las expectativas que llevaba guardadas en mi corazón… había estado esperado este momento por mucho tiempo… significaba poder, definitivamente, expresar todo lo que sentía… pero lo que menos me esperaba era tanta incomprensión…
Además en esa etapa mis papás estaban atravesando un momento difícil de pareja y lo que menos quería era acentuar tales problemas… así que acepté las recomendaciones precisas de mi padre… y opté por estudiar Ingeniera en Tecnología de los Alimentos (al fin y al cabo me gustaba también la ciencia y me entusiasmaba poder inventar alguna fórmula mágica que pueda terminar con el hambre en el mundo… que linda ingenuidad ¿no?)

¿Cómo entonces reencaminaste tu vida de nuevo hacia lo que dictaba tu corazón?

Cuando estaba cursando tercer año de Ingeniera en Alimentos me pasó algo que a mí me marcó mucho. Hasta ese momento tenía un promedio de carrera de más de 9 puntos y en ese año rendí una materia con siete en vez de nueve (o sea pasé con éxito el examen pero con un siete… que por otra parte no era una nota para nada mala… pero no era una nota sobresaliente) y me enojé tanto conmigo mismo que le pedí desaforadamente al profesor que me hiciese de nuevo el examen… mis amigos intentaban consolarme pero yo sentía mucha pero mucha impotencia y sobre todo frustración. Después de ese episodio puntual algo pasó en mí y esa ira desencadenó al poco tiempo en un ataque de pánico. Un día estaba sentado en una clase práctica, en el laboratorio de la universidad, y me empecé a sentir mareado, a escuchar un zumbido agudo que retumbaba con fuerza en mi cabeza y a sentir que mi corazón se aceleraba. No podía controlar la situación y por un instante pensé que me iba a morir de un infarto… disimulé en medio de la clase y me retiré al baño… y luego bajé las escalinatas del edificio corriendo y paré el primer taxi que encontré y le pedí que me lleve urgente a mi casa… Llegué a mi casa y le grité a mi mamá que me estaba muriendo, que mi corazón no paraba de latir cada vez más fuerte y que me lleve rápido al médico… El médico, luego de revisarme en profundidad, sólo dijo que podía tratarse de una situación de stress.
A partir de ahí todo se me desmoronó… no podía salir de mi casa porque tenía esa sensación que me iría a morir en cualquier momento… estaba en la facultad y me transpiraban las manos y de golpe comenzaba a sentir ese zumbido molesto y ensordecedor…. Nunca más sentí mi corazón agitado pero igualmente el miedo a morir permanecía allí… Muchas veces pensé que me había vuelto loco… Incluso en ese tiempo quise abandonar los estudios… y de hecho si no fuera que pude rendir algunas materias libres… seguramente habría dejado la carrera. Pero esta crisis también me demostró que esa sobre exigencia escondía agujeros en mi alma y que era mi oportunidad para echar luz sobre esos recovecos que todavía seguían en la clandestinidad.
Es verdad, mis notas bajaron un poco, digamos que comencé a prescindir de tanta excelencia, pero en la medida que me daba cuenta que no hacía falta ser el mejor alumno de la clase, me sentía más libre y más a gusto con mi nueva manera de pensar… Este período de incertidumbre lo tomé como una posibilidad de aprendizaje.
En esta etapa de sombras pude descubrir una luz sanadora, que me posibilitó empezar a mirarme en el espejo para conocerme mejor…. Y justo, en todo este proceso de transformación comencé a escribir y a dibujar de nuevo… digamos que volví a soñar y a creer en mí… El ataque de pánico resultó una nueva manera de nacer…

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Según tu experiencia, ¿cómo pueden influir ciertas personas en la persecución de los sueños?

Considero que los sueños pueden volar mucho más alto en la medida que todos estemos sintonizando la misma frecuencia de energía. No hace falta que cada uno tenga que comprender el sueño del otro, al fin y al cabo, cada persona es única y especial y por consiguiente así son los sueños… pero sí es muy importante que entre todos nos ayudemos, nos apuntalemos para poder cumplirlos. En la medida que la sociedad pueda ser más generosa y participativa, los seres humanos, como parte fundamental de ella, seremos más completos y felices. Esa vibración que todos sentimos cuando podemos alcanzar nuestras metas es tan potente que debería servirnos para compartirla con la gente que está buscando concretar sus sueños. Todos estamos conectados, y de vez en cuando aparece un Quijote que lucha contra los molinos de viento… pero generalmente los cambios más duraderos aparecen cuando se expresan en forma colectiva. A veces se necesita que un loco tome la posta… pero luego entre todo tenemos que encender esa llama que nos permita seguir adelante con pasión y determinación.
Ver el brillo en la mirada de mis hijas cuando las hago participar de mis cuentos y dibujos, aportando ideas y personajes, me transporta a un mundo perfecto. Incluirlas en mis historias y que ellas se sientan importantes me permite elevar el proceso creativo a un nivel superlativo, porque la trasformación no sólo se da en mí sino en ellas… y ese efecto en cadena tiene múltiples connotaciones positivas.
Por eso siempre me gusta hablar de la importancia del trabajo en equipo, de inculcarles a los niños el concepto de integración, y de brindarles herramientas que los ayuden a compartir y no a aislarse… a aceptarse y a no juzgar al otro.

Entiendo que compaginar un trabajo, una familia y una pasión no es fácil, ¿qué es lo que te motiva para seguir adelante?

Cuando uno elige luchar por los sueños tiene que saber que muchas veces el camino no estará libre de espinas, de piedras, de ramas que obstaculicen la visión, que a veces nos perderemos en una especie de laberinto y que la llave de salida siempre estará en nuestra fortaleza para seguir adelante. Nada en la vida se consigue “tocándole el timbre” a una nube pasajera y esperando que desde el cielo caiga la respuesta mágica a todos nuestros anhelos. A la suerte hay que buscarla con determinación y esa frase tan común que dice que: las cartas del destino están marcadas… para mí carece de sentido… sí es cierto que a veces chocan los planetas, saltan chispas y uno puede aprovechar esa energía para dar saltos que antes parecían imposibles… pero detrás del gran golpe de suerte final hay profundas huellas producto de una largo camino recorrido, mucho sacrificio que uno tiene que estar dispuesto a realizar.
En este momento, yo trabajo en una empresa de alimentos en jornadas diarias de 9 horas, luego tengo que dedicarme a mi mujer y a mis hijas ya que son muy importantes para mí y se merecen mi atención y mis cuidados… pero todas las noches (y también cuando tengo un tiempito después de almorzar) a veces con más fuerzas… otras con menos… pero siempre… me dedico a seguir escribiendo cuentos y a dibujar… Me esfuerzo por seguir adelante con este sueño porque sé que de la única manera que lo voy a conseguir es con mucho trabajo… para mí no hay otra manera… mi golpe de suerte llegará cuando tenga que llegar… pero yo debo estar preparado para cuando llegue… y no dejar pasar la oportunidad y por eso me perfecciono todos los días. He descubierto que tengo un don, en este momento lo estoy desarrollando con mucho amor, apostando que muy pronto aparecerán personas que se sientan identificados con él y que me ayuden a proyectarlo, a hacerlo crecer. Mientras tanto sigo esforzándome todos los días para ser un mejor marido y papá… porque sé muy bien que mi don se fortalece en la medida que puedo evolucionar como persona.
Con respecto a mis papás, he aprendido a perdonarlos, comprendí que ellos actuaron así porque no estaban preparados y arrastraban otras carencias de su familia. Haber atravesado esas circunstancias me volvieron una persona más fuerte y más seguro de mis objetivos, además puedo trasladarles a mis hijas toda mi experiencia vivida. Y que les quede claro… en la vida nunca es tarde para cumplir los sueños… los sueños no tienen edad… no envejecen nunca, son eternos y siempre se renuevan… Por eso para mí es una inyección de esperanza poder compartir mis sueños con ustedes y decirles que voy a seguir luchado para poder alcanzarlos.

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2 comments

  1. Soñador 14 febrero, 2014 at 11:21

    Lito,
    He de decir que tu historia me ha tocado. Quiero agradecerte tu valentía por abrirte de esa manera al mundo, por no ocultarte.
    Has dado a todo el mundo una lección de lo que uno debe hacer para recuperar esa parte de nosotros mismos que empuja por mostrarse.
    Enhorabuena, de verdad. Estoy seguro de que tu historia no sólo me ha servido a mi.
    Un abrazo

    • Angel 18 febrero, 2014 at 0:56

      Muchas gracias por los comentarios tan motivadores, creo más que nunca que si todos nos ayudamos a cumplir nuestros sueños, nuestras vida serán mucho más completas y dichosas !!! Sólo tenemos que poner en marcha esa mágica maquinita llamada “imaginación” y empezar a remontar vuelo…
      Saludos, Angel

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