David Criado ha aprendido a asumir lo que necesita para ser feliz

David Criado ha aprendido a asumir lo que necesita para ser feliz

Hoy contamos con una profunda historia de alguien que dejó todo para montar Vorpalina, una iniciativa que  transforma  los entornos de trabajo tradicionales. David Criado, el protagonista esta semana, es Ingeniero y ha trabajado durante 10 años en grandes consultoras, pero un día, se dio cuenta de que estaba formando parte de organizaciones que no compartían sus valores.

David ha conseguido con mucho esfuerzo y pasión hacer algo que siempre ha intentado pero que por distintas circunstancias no podía llevar a cabo. Gracias a conocerse más a sí mismo, a quererse más y a dar la misma medicina a los demás ha logrado cumplir su sueño. Ahora participa en conferencias y seminarios donde comparte su experiencia y su propuesta para hacer de este mundo un sitio mejor.

En  la historia de hoy, vamos a poder obtener muchas de las preguntas que os debéis hacer a vosotros mismos si queréis ir hacia un camino que os llene más.

David, ¿cuál era tu realidad laboral antes de dejarlo todo?

Mi forma de entender el trabajo implica pasión y compromiso con lo que hago, y no es algo que solamos premiar en los equipos. Yo llevaba 10 años trabajando en gran consultoría y me sentía realmente agotado a nivel mental y anímico. Fueron años de gran aprendizaje para mí en los que participé en diferentes proyectos aportando soluciones a clientes públicos y privados. Con esfuerzo y mucho sacrificio poco a poco logré progresos hasta alcanzar un nivel de vida elevado. Toda esta etapa de progreso fue una gran experiencia para mí y me ayudó a conocer los modelos tradicionales de trabajo y la realidad de las organizaciones en España.
Aprendí a valorar lo que hacía y entendía cada nuevo obstáculo como un reto a superar. Vi además que era capaz de desenvolverme a alto nivel. Sin embargo había cierta disonancia entre lo que yo sentía que podía aportar, mis valores y la realidad cultural de esos modelos. Soy una persona muy creativa e inquieta con algo que decir y muchas ganas de escuchar a los demás. Nada de esto podía hacerlo en este tipo de entornos adversos. Cada día sentía que un pequeño paso era una lucha continua contra la uniformidad, la burocracia y la falta de perspectiva. Sentía que mi entorno estaba muy deshumanizado y durante años, día a día, en diferentes lugares intentaba volver a conectar con la esencia de los cosas. Me refiero a que me encanta trabajar duro -¡¡¡¡realmente me encantaba!!!!- pero necesitaba saber por qué cada mañana me levantaba a hacerlo y qué me merecía ser como persona. Buscaba la respuesta siempre fuera. Miraba a las personas que tenía a mi lado y veía que yo sería como ellos. Pero un día tuve una visión en la que yo me sentía protagonista de mi vida y no propiedad de nada ni de nadie. Encontré la respuesta dentro y renuncié a todo por ella.

¿Qué hiciste para escapar de esa situación?

En la última de las grandes firmas en las que estaba presenté una propuesta de mejora a los directivos para transformar la cultura de la empresa y lograr mayor rendimiento y mejor satisfacción en los empleados. No necesitaba otra cosa que sentirme escuchado. No pedía que nada se llevara a cabo pero esperaba algún tipo de ánimo, agradecimiento o reconocimiento. En mi tiempo libre, como ya había hecho en otras compañías, participaba en varias iniciativas para mejorar la cultura de la empresa y el bienestar de las personas. Creía verdaderamente en la organización que me daba de comer y me había dado la oportunidad de estar ahí y tan solo necesitaba canales en los que poder expresarme y sentirme parte del discurso. No los encontré. Los detalles no son importantes. Solo añadiré que una y otra vez veía que pertenecía a una cultura con un terrible desdoblamiento de personalidad.

Me di cuenta de que había formado parte de organismos patológicos que decían algo y practicaban lo contrario. Tal vez, siendo honesto, me había dado cuenta en el pasado pero mi prioridad nunca había sido yo sino los otros. Un día dejó de serlo. No hablo de que me levantara una mañana y decidiera cambiar mi vida. Hablo de que gota a gota, llené un vaso durante mucho tiempo y de repente decidí que estaba lleno justo antes de que empezara a rebosar.foto
Mi primera decisión fue vaciarme un poco para aprender a respirar. He de reconocer que se me había olvidado por completo y que no tenía mucho tiempo para pensar en mí y en lo que verdaderamente era. Necesitaba hacer algo diferente y nuevo, algo que me diera buenas vibraciones. Un viernes dimití, un sábado me compré un billete a Finlandia, un domingo volaba para empezar mi tercer programa de master. Se convirtió en una de las más maravillosas aventuras de mi vida recorriendo el mundo y conociendo otras realidades.

Ahora me dedico a trabajar para mejorar la vida de las personas en las organizaciones y tengo especial interés e ilusión por mejorar los entornos de trabajo que conocí. He trabajado desde que di el salto para diferentes empresas y organismos públicos y privados acompañando la construcción de equipos de alta madurez, mejorar el clima profesional y la satisfacción de las personas, visualizando el auténtico propósito de las personas y ayudándoles a alcanzarlo.

Una decisión valiente sin duda, ¿contaste con el apoyo de tus padres, amigos, compañeros?

Alguien dijo que cuando sueles apostar por algo todo el mundo te dice que no debes hacerlo. Cuentan que luego cuando ya has apostado, te dicen cómo hacerlo. Y también cuentan que más tarde cuando ya lo has hecho sin hacerles mucho caso, te dicen que siempre han creído en ti. Tengo que decir que me ha pasado esto pero que también me he sentido acompañado en todos los momentos. A veces han tardado en apostar por mí pero no puedo reprocharle nada a nadie. Yo no soy quien decide los tiempos ni los ritmos de la gente y sería muy egoísta pensar que todos deben adaptarse al tuyo. Más bien al contrario, cuando emprendes algo creo que debes aceptar cuál es tu ritmo y por qué has decidido hacer algo diferente.

Tras casi dos años desde que empezaste a cumplir tus sueños, ¿qué es lo que más valoras?

Creo que hice lo que tenía que hacer cuando debía hacerlo. He aprendido a asumir lo que necesito para ser feliz y sé que voy a serlo siempre. Estoy pasando grandes dificultades para continuar con este sueño pero pase lo que pase, llegar aquí ha sido una fantástica aventura. Valoro que yo decido lo que quiero y que soy capaz de realizar sacrificios para conseguirlo. He mejorado como persona y siento que me conozco más que antes. Tengo tiempo siempre para lo importante. Si alguna vez tengo el pálpito de que me falta algo, lo busco y generalmente lo encuentro. Cuando trabajo con otras personas cuido de ellas y ellas cuidan de mí. Vivo cada día en el respeto hacia lo que quiero ser. Siento ese respeto en mí que tienen los otros y practico ese mismo respeto en ellos.
Valoro la forma en la que me levanto cada día y en la que cada noche –pase lo que pase- digo siempre GRACIAS. He dejado de luchar. Ya no lo necesito. Valoro que hay muchos momentos en los que me encantaría irme corriendo. Y lo hago. De hecho ahora hacerlo cada dos días aproximadamente una hora y media (antes no tenía tiempo), me ha hecho mejorar mi salud y mi estado anímico. Valoro a las personas que se ponen en contacto conmigo continuamente para mostrarme su afecto, admiración o darme parte de su tiempo. Trabajo para mejorar la realidad de las personas y siento que verdaderamente –junto a ellas- lo consigo. Me encantaría decirte que me gustaría facturar más y estabilizar mi sueño pero creo que no tengo derecho a pedir nada más cuando me siento tan satisfecho y realizado. Trabajo para que esto llegue. Y se y tengo fe y confianza en que lo hará. Me merezco a mí mismo. Antes no lo sabía. Hace poco mandé mi felicitación de navidad y dijo algo parecido a esto:
“He renunciado a casi todo lo que tenía para encontrarme. Siempre andaba buscando excusas para no buscar mi sueño. Yo echaba la culpa a otros y hablaba siempre de cosas muy complejas. Pero el verdadero reto en mi vida nunca fue ningún concepto o idea sino yo. Nunca estaré lo suficientemente agradecido a la vida por hundirnos en una enorme crisis colectiva que ha hecho aún más visible las cosas importantes de mi vida”.


vorpalina

Como experto que eres en la materia, dinos brevemente qué cambios sustanciales harían falta en las empresas de este país para que haya más gente disfrutando de su trabajo.

A mi me gustaría que aprendiéramos a utilizar las dos herramientas más infrautilizadas en la historia de la gestión empresarial. Se llaman sentido común y diálogo y en cada una de mis sesiones las intento poner en práctica. Creo que las empresas hablan demasiado y escuchan realmente muy poco. Creo que esto es un error. Hay una extensa colección de voces dormidas en cada organización cuya sola melodía –si alguien se parara alguna vez a apreciarla- podría ser la mejor banda sonora de la empresa. Nadie que esté de espaldas a aquello que le da de comer puede ir verdaderamente lejos. El valor de una empresa en bolsa es un 85% intangible, en su gran mayoría capital humano.
Por otro lado he de decir que las empresas no deben cambiar en absoluto. Porque las empresas no existen, existen las personas. El ejercicio de responsabilidad sobre el cambio no debe hacerlo una marca sino las personas que cada día la construyen. En la iniciativa trabajamos para implantar nuevos modelos de liderazgo en los que lo prioritario no sea el control sino el desarrollo natural de las personas. Cuando vamos de visita a una empresa y hablamos con un responsable, solemos decirle: “Necesitas que tu equipo encuentre su camino rojo. Es un camino nunca recto pero conforma un carácter. Es un camino hecho de aprendizaje y superación. Nosotros somos instructores de vuelo en ese viaje. Pero solo tu equipo puede saber dónde quiere ir y dónde va.”
Utilizamos la herramienta El camino rojo del equipo para expresar la falta de coherencia en los equipos, para construir equilibrio y alcanzar la plenitud. Partimos de la base de que todo el mundo quiere mejorar su realidad, sentirse bien y sentirse realizado.
He visto también mucho dolor en las empresas y una gran carencia de inteligencia emocional y relacional.

En tus formaciones, artículos y reuniones, siempre animas a la gente a que persiga sus sueños, ¿por qué?

No siempre he apostado por aquello en lo que creo pero creo que siempre decidí hacer lo justo. En cada momento de mi vida decidí hacerlo. Alguien dijo alguna vez que aquellos que dicen que algo es imposible deberían apartarse y dejar paso a aquellos que lo estamos intentando. Y yo solamente añado: y a aquellos que cada día ya lo estamos consiguiendo.
Muchas de las teorías, instrumentos y modelos con los que ahora trabajo están basados en el principio de simultaneidad. Este principio dice que por el solo hecho de darnos cuenta de que necesitamos cambiar algo, ya empezamos a cambiarlo. Creo que esto mismo ocurre para los sueños. Yo soy mi propio sueño. He tenido la suerte que me he labrado y estoy agradecido, inmensamente agradecido al dios que fuere, a la vida, a las personas que me han acompañado, por verme crecer desde tan cerca sintiendo su escepticismo pero también su ánimo.
A los que creen que apostar por tu sueño es algo duro, quizás yo no podría decirles nada porque tan solo me dedico cada día a cumplir cada día mis propios sueños y cada sueño es un mundo diferente. Sin embargo les diría aquello que el personaje de Bill Borgens dice en la fantástica película: “Un escritor es la suma de sus experiencias. Sal a buscarlas”. Esto que aplica a los que somos escritores, también aplica a cualquier persona del planeta ;)

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