Arancha Martínez, deja la banca internacional para cambiar un poquito de India

Arancha Martínez, deja la banca internacional para cambiar un poquito de India

Arancha Martínez, no se siente especial por haber dejado un trabajo en uno de los bancos más importantes del mundo en su sede de Dublín para montar una ONG que coopera en India, ella simplemente ha elegido vivir su sueño. Un sueño en el que cooperar con una zona necesitada de India se ha convertido en su día a día, algo que le llena plenamente.

Con tan solo 24 años fundó la ONG Naya Nagar que actualmente realiza labores de desarrollo en el estado de Haryana en India en 4 áreas principalmente: Educación, Sanidad, Igualdad de Género y Derechos Humanos. Como en el caso de otros soñadores que entrevistamos cada semana, en Arancha hemos encontrado determinación, pasión por lo que hace y mucha humildad. Su proyecto es maravilloso y la forma en la que lo disfruta es un ejemplo para muchos. 

Esto es lo que hacen en su proyecto: vídeo

¿Qué motivaciones o inquietudes te llevaron a tomar la decisión de dejar tu trabajo, el país en el que vivías…?

Desde que era adolescente tenía claro que quería conocer el mundo. Desde muy joven entendí (imagino que gracias a la educación que me han regalado mis padres – el mejor regalo – y a quienes estoy infinitamente agradecida) que lo que yo estaba viviendo no es lo que la mayor parte del mundo vive. Sabía que tenía que dar gracias por todo lo que tenía (una familia, un colegio, amigos, seguridad, salud, etc) pero necesitaba sentirlo de primera mano. India es un país que siempre me había atraído aunque no sé explicar por qué (mi madre dice que leyó mucho sobre India, entre otros libros “La Ciudad de la Alegría” cuando estaba embarazada de mí, quizás tiene alguna extraña relación J). Pero no quería ir de visita, quería cambiar “algo”, por eso esperé a que fuera el momento adecuado.

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Y el momento llegó en 2008. Después de trabajar en Irlanda (Dublín) en Merrill Lynch durante dos años decidí que era el momento. Mucha gente vincula la decisión a que trabajaba en un entorno frío y hostil por ser un banco y que al no llenarme dejé mi vida “cómoda” para darlo todo por los pobres. Supongo que eso suena más “mediático” e interesante. Pero la realidad no es esa. Agradezco muchísimo lo que aprendí en el banco y aquélla experiencia es parte de quién soy y de cómo gestiono actualmente la ONG Naya Nagar. Yo soy empresaria y me gusta emprender. Las palabras optimización, profesionalización y crecimiento económico son parte de mi vocabulario diario. La decisión de irme a India fue una decisión que tomamos mi marido y yo porque nos apetecía un cambio de vida y trabajar en un país como India, no porque necesitase un cambio radical de vida. Tampoco dejé mi vida al 100%. Sí cambió el entorno y por supuesto que me tuve que acostumbrar a comer picante, a conducir un rickshaw  o a trabajar a 50º. Pero mi marido se vino a India conmigo, allí decidimos ampliar la familia, vivimos en una casa en condiciones estupendas. No me considero un “héroe”. No soy Vicente Ferrer o los cientos de misioneros que lo dejan todo. Soy una persona muy afortunada que ha tenido la suerte de vivir una experiencia increíble gracias al apoyo económico de mi marido y los ahorros de mi experiencia laboral anterior. Sin mi marido no podría estar trabajando en el Tercer Sector ni hubiera podido montar una ONG como Naya Nagar.

Una vez en India, ¿qué experiencias y sentimientos te llevaron a quedarte allí?

Me encantó la cultura, me enamoró la alegría y generosidad de su gente. Pero lo que realmente me hizo quedarme 5 años junto a mi familia fue el compromiso que adquirimos con muchas personas. Cuando montas una ONG – y más a los 24 años, que era la edad que tenía cuando registré Naya Nagar – no eres consciente de la cantidad de personas que poco a poco empiezan a depender de tu organización y de tu trabajo y dedicación. Aunque el objetivo de una ONG es precisamente no crear dependencia, es inevitable durante unos años. No podíamos irnos de India sin dejar una estructura suficientemente sólida como para estar seguros de que nuestra vuelta no afectaría a la continuidad del proyecto. Y así ha sido. Nos hemos vuelto a Madrid – no sabemos por cuánto tiempo – en diciembre de 2012, dejando un equipo sólido y comprometido. 2013 ha sido un año buenísimo para Naya Nagar. Ha crecido un 30% (cuando hablo de crecimiento no es sólo a nivel de ingresos, sino también de número de destinatarios de la ayuda, número de proyectos y calidad de los mismos). Echo mucho de menos India, iré en marzo a visitar los proyectos. Pero parte de mí sigue allí y mi trabajo diario con las contraparte y los equipos locales hacen que siga conectada a mi vida de los últimos 5 años. India me ha cambiado y yo he cambiado un poquito de India, que era el objetivo por el que decidí irme allí. Estoy muy satisfecha, ese era mi sueño y no solo se ha cumplido, sino que sigo viviéndolo.

 

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¿Qué piedras te has encontrado en el camino para cumplir tu sueños? ¿cuáles de ellas las ponías tu misma?

La verdad es que no me he encontrado piedras. Yo creo que cuando trabajas por un objetivo bueno y común a mucha otra gente la vida te va abriendo puertas (si alguna vez me ha cerrado alguna ha debido de ser para abrir otra mejor porque sinceramente ahora mismo no recuerdo ninguna zancadilla). Siempre he tenido la sensación de que ha aparecido la persona adecuada en el momento adecuado. Que se tenía que marchar un voluntario, aparecía otro, que se cerraba una puerta de financiación, aparecía un relevo. Que un programa en India se tambaleaba por razones culturales, aparecía una contraparte nueva que ofrecía ayuda o formación. Entiendo que la suerte es un factor, pero que lo que realmente hace que esto sea así es el TRABAJO diario y duro de un equipo muy comprometido.

No ha sido ni es un camino tan “bonito” como la gente cree. Trabajar con personas analfabetas es complicadísimo. Está claro que el aprendizaje y experiencia es inigualable, aunque el trabajo diario en cooperación al desarrollo es muy difícil. La frustración es parte de tu día a día. La lentitud del trabajo, tener que esperar años para recoger frutos, enfrentarte a dilemas personales tan difíciles como ayudar mucho a pocos o poco a muchos, pagar el rescate de un niño secuestrado o no (sabiendo que si lo pagas quizás mañana te secuestren a otro niño), invertir o no en la hospitalización inmediata de un niño que se muere sabiendo que eso quiere decir que mañana vendrá otro y pasado otro y que los fondos de la ONG se acabarían en una semana… Esto es lo que hace duro el trabajo en terreno. Pero ver en 2013 que mujeres han dejado de ser maltratadas, que han encontrado trabajo en un mundo laboral machista, que un niño ha dejado de hacer ladrillos para ir a la escuela o que un anciano tiene un documento de identidad con el que recibir una prestación social por invalidez hace que todo merezca la pena.

La O.N.G. que fundaste está llena de grandes momentos, pero cuéntanos uno del que te sientas especialmente orgullosa.

Fue en 2009. Llevaba algo más de un año trabajando en una pequeña comunidad, Rajeev Nagar. Viví una mala experiencia con unas voluntarias. No supieron adaptarse al entorno y al trabajo de la ONG y yo – con 25 años y aún inexperta en gestión de voluntariado – me lo tomé muy personal y sufrí bastante – perdí 4 kg ese verano de puro estrés. En un momento dado salí del centro escolar de la ONG porque necesitaba desahogarme. Me senté en el suelo y apareció una vecina, la suegra de una de las mujeres de nuestro programa de costura. Al verme – nunca adiviné porqué lo supo – me dijo ¿estás triste porque las chicas “blancas” que han venido te han hecho algo? (quizás no me preguntó eso, yo entonces no entendía hindi, pero yo entendí eso :-) ). Le contesté como pude que sí. ¡En qué momento! En 10 minutos había llamado a medio pueblo y un grupo de “malotes” se había acercado a la entrada del centro a esperar a que las chicas salieran. Obviamente conseguimos que no pasara nada, nadie fue agredido, jajaja. Mi equipo local consiguió explicar al grupo de espontáneos que no se gestionan los problemas agrediendo a nadie. Fue bastante surrealista pero me di cuenta de que me consideraban una más en la comunidad. Parte de la “familia”. Hasta entonces tenía la sensación de ser la extranjera a la que ven como “la blanquita que viene a darnos lecciones de vida”. Y nada más lejos de la verdad. Sentir que me “querían”, que me aceptaban y que me protegían tras solo un año allí fue una de las sensaciones más increíbles que he vivido. Quizás la palabra no es orgullosa, sino feliz de tener en India amigos que realmente me sienten como parte de su comunidad y familia.

¿Qué has aprendido de las personas en los años que llevas cooperando?

Que todos somos iguales y tenemos el mismo objetivo en la vida: ser feliz. Que tengamos más o menos, más suerte o menos, seamos españoles, indios, niños o adultos, TODOS queremos lo mismo. Todos necesitamos una familia, amigos, aceptación, un sentido en nuestra vida. Todas las madres quieren que sus hijos tengan lo mejor, todos sufrimos cuando muere alguien cercano, cuando un hijo está enfermo. No somos tan diferentes como parece. He aprendido que lo único que nos diferencia con las personas que he tenido la suerte de conocer en India es la suerte de haber nacido en un entorno más cómodo, fácil y con más oportunidades. Y por eso nuestro objetivo es equilibrar en lo que podamos el mundo, disminuir un poquito las desigualdades, compartir la suerte que tengo con personas que no la tienen. Mi primer hijo nació en India, a apenas 10km de donde nació el mismo mes el hijo de mi amiga Sunita , en Rajeev Nagar. Pensar en la suerte que tiene mi hijo en comparación con éste me da fuerza y energía para trabajar. ¿cómo puede ser que 2 niños que nacen a la vez tengan una vida tan diferente? Todos deberíamos plantearnos el por qué. Si nos lo planteásemos en serio no podríamos quedarnos de brazos cruzados. TODO EL MUNDO PUEDE HACER ALGO. Cada uno a su manera y con sus recursos, claro. Pero algo.

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Entonces, ¿Qué le dirías a aquellas personas para que persigan sus sueños?

Que los tengan. Creo que mucha gente no se para a soñar. El día a día en un mundo desarrollado es agotador. Hay que aprender a aislarse (para algunos es rezar en una iglesia, para otros meditar, para otros reflexionar). Animo a hacerlo, a sacar tiempo para ello y soñar. No todo el mundo tiene los medios para cumplir su sueño. En ese caso les animo a buscar personas y proyectos que trabajen por sueños similares y se unan a ellos. No todo el mundo puede montar de cero un proyecto (ONG, empresa, iniciativa, familia), pero si buscas ahí fuera hay millones de personas y organizaciones haciendo cosas increíbles. Animo a la gente a buscar y seguro que encuentran algo que les hará tan feliz como a mi Naya Nagar

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